Algunas veces, no recuerdo quién soy, quién puedo ser. Lo olvido y deambulo un poco con el sentimiento de pertenecerme cada vez menos. Miro a cada paso una distinta solución a la incógnita. Me trae ciertos desajustes que no he prevenido, como se considerará. Por ello, hago constancia de que mi labor en el mundo no es otra que dar testimonio de mis mutaciones. Capacidad no tengo. Complicaciones y deficiencias me bastan para traer a colación el temible estado por el que prefiero cerrar puertas y ventanas, alejarme cada vez y no teniendo remedio, hacia dentro.
De Cooper, Lapeyre hace un lamentable andrajo agarrotado por el amor a su hermana. De mí quisiera desprender aquella condescendiente fortuna que es quedar encadenado a la filiación carnal.



No hay comentarios:
Publicar un comentario