Procuro confesar, no con la precisión del que requiere ser consolado. Confesar que necesito otro lugar. Que quiero alejarme y continuamente no encuentro dónde. Lejos de la ciudad, perder ángulos. Ganar perspectiva. Rodear el hambre, tener sed. Demorarme y decidir. No recorrer de nuevo un pasillo con la extraña y patente sensación de no saber qué ocurre, qué se puede hacer ahí.
El sostén no importa. Me gustaría estar aún sólo en un oscuro cuartillo, presto al viento y a la demolición. Sintiendo como mis órganos van perdiendo movilidad, como mi energía se concentra en el pecho y la frente. Dejando de lado las palabras, tan expertas en el engaño.
viernes
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