Javier Marin
sábado
Impera en mí una voluntad sin descrédito, aledaña más dispersa, constante, algunas veces carroñera. Tendido espero una respuesta, con ya días teniendo por bocado cada una de aquellas palabras que no digo, a nadie. Puedo dejarme a la dicha de reconocerme indudablemente extraño, precavido e inhumano. Capaz de no decir nada cuando digo, y decir en silencio. Digamos que parto del remedo inaudito de aquellas inigualables veces en que una moneda gira y no cae absolutamente para nadie, sino que se oculta gustosa en la alcantarilla que tuvo a bien protegerle.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



El ser es una presa que no es una presa cuyo escondite es todo lo que hay.
ResponderEliminarPascal Quiganrd