Callar, justo detrás de cualquier arranque. Demorar mi lengua que salta, imprudente, imprecisa, rastrera. Si el lenguaje que se demuestra haciéndose propio es la carta de presentación que involucra en sociedad, prefiero construirme un lugar aquí mismo, donde las letras caen cual forros a la espera de una nueva e igualmente efímera posesión. Confieso que nada sé decir que atraiga la atención de los muertos. Mucho menos sabré ganar distancia próxima con aquellos venideros. Quiero hablar para demorar mi caída, dejando, mientras tanto, que unas extrañas e indominables lo hagan por mi. Pero eso sí, que no resurjan, que no tomen una posición más o menos parecida a la que tuvieron antes de dejarme. Las arrojo al vacío para que no vuelvan.
viernes
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario